
El excelente análisis de Alejandro Bagnato sobre el incumplimiento del contrato psicológico me deja con una pregunta:
¿Y si el problema no fuera que el contrato se rompe, sino que el concepto mismo de "contrato" ha quedado obsoleto?
Vivimos una convergencia de cambios: geopolíticos, tecnológicos, de mercados, que desbordan cualquier promesa de estabilidad.
La IA no solo potencia, redefine el valor del talento.
El entorno ya no es complicado: es complejo.
En este escenario:
¿Es siquiera posible seguir hablando de un pacto basado en promesas de futuro?
Prometer (o creer) en un "plan de carrera" en un mundo incierto parece más un acto de negación que una estrategia de talento.
Si el contrato de las expectativas estáticas ha muerto, quizás necesitamos un nuevo pacto. Uno que no se base en la ficción de la predictibilidad, sino en dos pilares nuevos:
- Agencia compartida.
- Transparencia total sobre lo que no sabemos.
Tal vez el verdadero liderazgo hoy no consiste en cumplir promesas imposibles, sino en orquestar la capacidad del sistema para navegar juntos la incertidumbre.
La pregunta que debemos hacernos no es cómo arreglar el viejo contrato.
Es si estamos preparados para uno nuevo que no prometa destinos, sino una brújula compartida y criterios claros para enfrentar lo inesperado.
